¿Triodos Bank, una banca ética?

Durante años, Triodos Bank se ha presentado como el referente europeo de la banca ética, promoviendo inversiones con impacto social y ambiental positivo. Sus campañas hablaban de transparencia, sostenibilidad, responsabilidad… y una forma diferente de hacer banca. Sin embargo, los últimos acontecimientos en torno a los Certificados de Depósito para Acciones (CDA) han puesto en entredicho la coherencia entre ese discurso ético y la realidad que viven sus inversores.

¿Qué son los CDA de Triodos?

Los Certificados de Depósito para Acciones son instrumentos financieros que ofrecen a quienes los adquieren una participación económica en el banco, aunque sin derecho a voto. Es decir, permiten participar en la vida del banco —recibiendo dividendos simbólicos y mostrando apoyo financiero—, pero sin influencia real en las decisiones corporativas.

Desde su creación, Triodos ha presentado los CDA como una forma de invertir con impacto, priorizando los valores sobre el retorno económico. Invertir en Triodos era, para muchos, un acto de militancia ética y compromiso social.

¿Qué pasó en 2021?

En enero de 2021, en plena pandemia, Triodos suspendió completamente la compraventa de CDA. Durante más de dos años y medio, miles de personas se vieron incapacitadas para recuperar su inversión. Una decisión que generó un profundo malestar entre los titulares, muchos de los cuales habían confiado sus ahorros al banco no por rentabilidad, sino por principios.

Reapertura con condiciones desfavorables

En julio de 2023, Triodos trasladó la negociación de los CDA a un sistema multilateral de negociación (SMN). Sin embargo, las condiciones del nuevo sistema fueron profundamente desfavorables para los inversores. El precio de los CDA en el mercado secundario se desplomó, y el valor real de los títulos cayó hasta un 86 % respecto a su precio original.

Costes y comisiones: el agravio continúa

Mientras los titulares seguían sin poder acceder a su dinero, Triodos continuó cobrando una comisión de 36 euros anuales por la cuenta vinculada exclusivamente a los CDA, sin ofrecer ningún otro servicio adicional. Es decir, no solo se bloqueó la liquidez, sino que se penalizó económicamente a las personas afectadas.

¿Una compensación justa?

Esta semana, los titulares de CDA han recibido una comunicación firmada por Susana Cabada Fernández, PhD, Directora de Triodos Bank España, anunciando una supuesta solución: una compensación de 10 euros por cada CDA. Cabe recordar que el valor original de emisión en 2011 era de 72 euros, por lo que se trata de una pérdida de valor del 86 %.

Pero lo más grave no es solo el importe, sino la condición: quien acepte los 10 euros deberá renunciar a cualquier tipo de reclamación legal futura. Esta cláusula no solo es cuestionable desde el punto de vista jurídico, sino que vulnera directamente los principios básicos de protección a los inversores.

¿Dónde queda la ética?

Ante este escenario, la pregunta es inevitable: ¿Puede una entidad que se define como banca ética adoptar prácticas que perjudican económica y éticamente a sus propios inversores?

Forzar a renunciar a derechos legales para recibir una compensación simbólica es una práctica difícilmente justificable, especialmente para una institución que basa su reputación en la transparencia, la equidad y la justicia.

¿Qué papel juega BCorp?

Triodos Bank ostenta el distintivo BCorp, otorgado por la organización internacional B Lab, que certifica a empresas comprometidas con estándares elevados de responsabilidad social, medioambiental y de gobernanza.

En este contexto, resulta pertinente preguntar:
¿Sigue Triodos cumpliendo los requisitos para mantener esta certificación?
Y más aún:
¿Qué debe ocurrir para que se reevalúe su estatus como empresa BCorp?

Triodos Bank ha sido, durante años, símbolo de una nueva forma de hacer banca. Pero sus recientes decisiones en torno a los CDA representan una grave contradicción con esos valores fundacionales.

Revisar urgentemente esta política y ofrecer una compensación justa y respetuosa con los derechos de los inversores no es solo una cuestión económica: es una cuestión ética.

La confianza, una vez dañada, es difícil de recuperar. Pero la banca ética tiene la responsabilidad —y la oportunidad— de demostrar que la coherencia entre valores y acciones no es negociable.

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