Desde la óptica de la Banca tradicional, el concepto de morosidad viene marcado por la lentitud y demora en el cumplimiento previamente acordado entre las dos partes, dentro de un periodo de tiempo establecido con anterioridad, respecto al pago de una cantidad de devolución de una deuda contraída.
Desde el prisma de la Banca Ética, el significado que se le da es totalmente diferente, y este concepto se entiende como las razones y causas que la conforman, abordándolas de manera conjunta.
Así, por ejemplo, si una empresa ha recibido un préstamo de Banca Ética y tiene problemas para hacerle frente, lo primero que deberá hacer es abordar la problemática de forma conjunta. Si la cuota mensual que tiene que afrontar es demasiado alta para ese momento, es posible re-calcular los plazos de devolución de la misma. Entre las medidas más comunes se suele optar por estudiar la manera de establecer un tiempo de carencia, y durante ese plazo se interrumpirá el retorno del préstamo. Eso sí, cada caso es distinto y por ello siempre se trata de aplicar la mejor solución posible, desde la imaginación y la flexibilidad que estas entidades ofrecen, para continuar desarrollando el proyecto e intentar que continúe siendo viable.
Cuando a pesar de todos estos intentos, el resultado final fuese negativo, se aplicarían los avales personales mancomunados; que generalmente pertenecen a personas socias del proyecto que avalen con una pequeña cantidad de dinero, para cubrir el importe total solicitado.
De este procedimiento cabe destacar que las medidas que se llevan a cabo están orientadas a ayudar a la empresa y no a tratar de estrangularla con comisiones y penalizaciones extraordinarias. Y por otro lado, siempre se trata de recuperar el capital prestado por las aportaciones que realizan los socios y socias.
Si tienes más dudas no tengas inconvenientes en acudir a cualquiera de las entidades éticas que se encuentran establecidas en España.