Ya es difícil de por sí, saber cómo funciona un mercado de valores. Aparentemente, las empresas cotizadas, lo son por la magnitud de su actividad, no es lo mismo, una empresa que construye chalets para particulares, que una que hace grandes infraestructuras como puertos, aeropuertos o autopistas. Dado que estas, requieren de muchísimo capital que difícilmente un puñado de accionistas sería capaz de desembolsar.
Como sería lógico, dichas empresas se capitalizan en bolsa, como fuente de ingresos para acometer nuevos proyectos, así pues una empresa farmacéutica, podrá investigar nuevos fármacos, un banco podrá prestar más dinero, o una empresa de electrodomésticos podrá construir una nueva fábrica, para crear un nuevo mercado o para lanzar un nuevo producto.
Esto, así de sencillo, que se puede explicar para que todo el mundo lo entienda, raramente funciona así. Dado que es un mercado muy especulativo. Podría llegar el caso, y estamos llegando, a que una empresa sea capaz de valer por acciones menos que lo que valen todos sus activos (propiedades, contratos, dinero, etc…) o que como ya había sido habitual, antes del crash de 2008, que dichas empresas valieran hasta 10 veces más que lo que realmente poseían.
Que se haya permitido esto, que haya sucedido esto, y que pueda suceder todo lo contrario, ya de por sí es muy cuestionable. Es decir, que los reguladores de mercados, que son empresas públicas, no protejan fehacientemente, al inversor, mayoritariamente, particulares, de comprar acciones súper inflaccionadas de compañías, cuyo valor real no solo estaba falseado, sino que muchas veces, dicho valor, se trampeaba para evitar compras hostiles.
Ahora bien, el sistema no funciona tan sencillo como lo he explicado, dado que el inversor, ya no solo puede confiar sus ahorros a una empresa, sino que puede comprar valor de un índice, lo que ya de por sí es muy abstracto, porque significa que está invirtiendo en un conjunto de compañías, que ponderan un índice nacional. Es decir que si invierte en el IBEX35, por ejemplo, está invirtiendo en las 35 compañías con más peso en los mercados españoles, sin beneficiarse de ser accionista de ninguna de ellas, dado que no compra directamente sus acciones, sino que “apuesta” a que dicho índice esta subvalorado y subirá de valor, momento en el que podrá vender y recuperar su inversión. Ahora bien, también existe la opción de lo contrario, de “apostar” a que dicho valor está sobrevalorado y que bajara, por lo que lanza una orden de venta de acciones que no dispone, ya que cree que luego podrá comprarlas a menor precio.
Esto, es lo que realmente está haciendo daño a las economías, la posibilidad de que las especulaciones de mercado, generan pánico en los pequeños accionistas que ven peligrar sus ahorros, que tienen depositados en compañías, en quien confían su gestión y futuro, y que año tras año generan beneficios y dividendos.
Como los mercados, se han reinventado, para hacer que se pueda ganar dinero, incluso cuando las compañías pierden valor, da igual que se viva una época de euforia expansionista o contraccionista, dado que el especulador, se lucra más y mejor con la incertidumbre y la volatilidad que con la estabilidad.

Share This
Suscríbete a nuestro boletín

Suscríbete a nuestro boletín

Únete a nuestra lista de correo para recibir las últimas noticias y actualizaciones de nuestro equipo.

Nombre Email

Te hemos añadido a nuestro boletin!